Por: Josman Espinosa Gómez
Volver de vacaciones es una experiencia curiosa: uno puede regresar con miles de fotos, un bronceado modesto y hasta una colección de anécdotas… pero también con una nostalgia extraña que pesa más de lo que quisiéramos admitir. Muchas personas sienten que la rutina se vuelve más pesada los primeros días, que el cuerpo “no arranca”, que la motivación está baja y que la mente parece quedarse atrapada en ese paisaje, esa compañía o esa sensación de libertad que las vacaciones les regalaron.
¿Qué pasa ahí? ¿Por qué el cerebro reacciona así si, en teoría, debimos haber descansado? ¿Por qué parece que el regreso cuesta más que la salida? ¿Y qué se puede hacer para suavizar esa transición sin caer en la frustración ni la melancolía?
En esta columna exploraremos, desde la neurociencia y la psicología, qué ocurre en el cerebro y en la conducta cuando volvemos de vacaciones. También revisaremos por qué es natural sentir nostalgia, qué mecanismos cognitivos y emocionales están involucrados y, sobre todo, cómo podemos ayudarnos a reactivar la motivación y el equilibrio después del descanso.
1. Las vacaciones como experiencia neuropsicológica completa
Cuando salimos de vacaciones no solo descansamos: vivimos un conjunto de estímulos nuevos que despiertan regiones cerebrales relacionadas con el placer, la motivación y el aprendizaje. No es casualidad que recordemos esos días con una claridad especial.
Las vacaciones activan:
- El sistema dopaminérgico, asociado al placer anticipado y al disfrute del momento. La dopamina aumenta cuando exploramos lugares nuevos, comemos distinto o nos permitimos actividades placenteras fuera de la rutina.
- El sistema límbico, que procesa emociones. Las experiencias sociales, el descanso profundo o la sensación de libertad favorecen emociones positivas que generan memorias afectivamente cargadas.
- La red neuronal por defecto, relacionada con la creatividad, la reflexión y la relajación. Al no estar bajo presión de productividad, nuestra mente divaga más libremente y crea sensaciones de bienestar difícilmente reproducibles en la vida cotidiana.
En otras palabras: nuestro cerebro se acostumbra rápido a sentirse bien, pero le cuesta soltar ese estado.
2. El regreso: neuroquímica en transición
Cuando volvemos, el cerebro experimenta un cambio brusco: pasa de un ambiente rico en estímulos novedosos y placenteros a otro más estructurado, repetitivo y exigente.
Este contraste provoca varias reacciones:
a) Disminución de dopamina
La dopamina no es solo “placer”, también es motivación. Sin embargo, la rutina diaria activa menos este circuito porque contiene menos novedad. De ahí la sensación de apatía, desánimo o “poca energía mental” los primeros días.
b) Activación del sistema de estrés
El cortisol puede aumentar ligeramente al retomar responsabilidades, horarios, tareas pendientes. No se trata necesariamente de estrés patológico, sino de una respuesta natural a la demanda adaptativa.
Sin embargo, después de un periodo de descanso, esta activación puede sentirse más intensa.
c) Nostalgia: un puente emocional
La nostalgia aparece porque el cerebro recuerda muy bien los entornos donde se sintió seguro, libre y relajado. Volver a un espacio con estímulos más neutros o demandantes genera un “choque emocional”.
La nostalgia es una forma de duelo leve: el duelo por el tiempo que ya pasó.

3. ¿Por qué extrañamos las vacaciones si sabemos que no son permanentes?
Aunque racionalmente entendemos que las vacaciones son temporales, emocionalmente funcionan como una micro-versión del bienestar ideal: sin obligaciones, sin presión, con libertad para decidir.
Tres factores explican el “extrañar” vacacional:
a) Asociación emocional positiva
El cerebro almacena las vacaciones como memorias con carga emocional positiva. Esto las hace más vívidas y preferibles a la rutina.
b) Contraste entre placer y obligación
La mente humana evalúa en comparación. El contraste entre descanso vs. demanda puede aumentar la percepción de incomodidad al regresar.
c) Idealización
Durante las vacaciones, se reduce la autocensura, se duerme mejor, se convive de forma más relajada. Al volver, solemos olvidar los pequeños conflictos vacacionales y quedarnos con lo más agradable, lo cual acentúa el extrañar.
4. El cerebro en modo adaptación
Aun cuando el regreso es pesado, el cerebro es un órgano experto en adaptarse. Necesita unos días para recalibrar ritmos circadianos, niveles de atención, energía mental y expectativas.
El proceso de adaptación ocurre en tres niveles:
a) Biológico
Volver a horarios más estructurados altera sueño, hambre, energía y concentración. El cuerpo tarda entre 3 y 7 días en estabilizarse.
b) Cognitivo
Implica volver a organizar información, retomar rutinas, recordar pendientes y activar funciones ejecutivas como la planificación o la toma de decisiones.
c) Emocional
La mente se reajusta a convivir nuevamente con presiones moderadas, reglas, límites y expectativas sociales.
Este proceso es normal. No es señal de debilidad ni de “falta de motivación”, sino de neurobiología pura.
Aquí te presento recomendaciones basadas en psicología clínica, neurociencia y estrategias empleadas en terapia para el manejo de transiciones.
1. No luches contra la nostalgia: dale espacio y sentido
La nostalgia es una emoción reguladora. Negarla solo la intensifica. En cambio:
- Reconócela sin dramatizar.
- Diferencia entre “extrañar lo vivido” y “rechazar la rutina”.
- Agradécesela: significa que viviste algo valioso.
Aceptar la emoción acelera su procesamiento.
2. Reactiva la dopamina con pequeñas dosis de novedad
No puedes vivir en vacaciones, pero sí puedes integrar micro-momentos de novedad que mantienen activa la motivación:
- Cambia el camino al trabajo.
- Prueba un café distinto.
- Escucha música nueva.
- Reorganiza un pequeño espacio.
- Haz planes pequeños entre semana.
El cerebro ama la novedad, aunque sea mínima.
3. Estructura los primeros tres días con suavidad
No intentes resolver todo de golpe. En terapia recomendamos:
- Priorizar 3 tareas importantes por día.
- Evitar reuniones o metas demasiado ambiciosas.
- Incluir pausas de transición (10 minutos cada 2 horas).
- Mantener expectativas realistas de productividad.
El objetivo no es rendir al 100%, sino realinearte.
4. Reorganiza tus ritmos biológicos
La regulación del sueño es clave porque el cambio de hábitos vacacionales suele romper el ciclo:
- Acuéstate y despiértate a la misma hora por 3 días consecutivos.
- Reduce pantallas antes de dormir.
- Haz caminatas cortas para regular melatonina.
- Hidrátate más de lo normal los primeros días.
El cuerpo necesita señales consistentes para estabilizar la energía.
5. Integra un “recordatorio” positivo de las vacaciones
Esto no es para aumentar la nostalgia, sino para transformarla.
Puedes:
- Imprimir una foto especial.
- Colocar un objeto pequeño del viaje en tu espacio cotidiano.
- Crear un álbum breve digital.
La idea es convertir la nostalgia en gratitud, no en dolor.

6. Crea un puente motivacional
Una estrategia muy efectiva en psicoterapia es construir un puente entre lo vivido y lo cotidiano:
Pregúntate:
- ¿Qué me hizo sentir tan bien en las vacaciones?
- ¿Qué pequeño elemento puedo integrar en mi día a día?
- ¿Qué hábitos puedo rescatar?
Tal vez fue caminar más, comer sin prisa, dormir mejor, convivir más. No podrás replicarlo todo, pero sí fragmentos significativos.
7. Evita caer en la visión dicotómica: “vacaciones buenas, rutina mala”
La mente tiende a dividir: placer vs. obligación. Pero la realidad es más matizada.
Practica esta reestructuración cognitiva:
- ¿Qué me aporta la rutina que las vacaciones no me dan?
- ¿Qué me permite mi trabajo, mi hogar o mis actividades?
- ¿Qué oportunidades tengo hoy que antes no veía?
El objetivo es equilibrar la narrativa interna para no idealizar ni demonizar ninguno de los dos estados.
8. Planifica algo agradable para dentro de 2–4 semanas
Esto no es para vivir siempre esperando la siguiente salida, sino para:
- Darle al cerebro un horizonte motivacional.
- Evitar la sensación de “deprivación” tras el regreso.
- Distribuir el placer a lo largo del calendario.
Puede ser algo sencillo: una cena, una caminata especial, una salida cultural.
Pequeñas anticipaciones sostienen el bienestar.
9. Conversa con otros sobre el regreso
Compartir la experiencia:
- Normaliza la transición.
- Reduce la presión interna.
- Refuerza vínculos.
- Ayuda a ver el regreso desde otras perspectivas.
Somos seres relacionales. Volver a conectar también ayuda a re-anclar la mente al presente.
10. Sé amable contigo mismo los primeros 7 días
En consulta lo digo mucho: el regreso de vacaciones es un proceso de adaptación, no un examen de productividad.
Sé paciente, come bien, descansa lo necesario, date margen.
Tratarte con compasión acelera la transición.

Regresar de vacaciones no es solo volver al trabajo o a la escuela: es regresar a un ritmo, a un ambiente, a un nivel de exigencia emocional y cognitiva que contrasta fuertemente con el descanso. Por eso el cerebro entra en un pequeño duelo: extraña la libertad, la novedad, el descanso, el placer sensorial y emocional.
Sin embargo, esta transición es completamente normal, temporal y manejable. El cerebro se adapta, se reajusta y recupera su equilibrio en pocos días si lo ayudamos con estrategias adecuadas.
La clave no es evitar extrañar, sino transformar la experiencia vacacional en bienestar cotidiano. No volver como si nada hubiera pasado, sino volver un poco más conscientes de lo que nos hace bien y dispuestos a incorporarlo suavemente a nuestra vida diaria.
Volver de vacaciones siempre es un recordatorio: sí, necesitamos descansar, pero también necesitamos construir una vida que no se sienta como un eterno lunes.
Si requieres apoyo profesional respecto a tu salud mental, estoy a tus órdenes en
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