Por: Josman Espinosa Gómez
Cuando pensamos en la educación de los hijos pequeños, muchas veces lo primero que viene a la mente es la escuela, los aprendizajes académicos o las habilidades cognitivas: aprender a hablar, a contar, a leer, a escribir. Sin embargo, existe un aprendizaje mucho más profundo y decisivo que comienza incluso antes de que los niños puedan expresarse con palabras: la educación emocional.
La educación emocional no se enseña con libros ni exámenes. Se aprende a través de la convivencia diaria, del vínculo, de las respuestas que reciben los niños cuando lloran, cuando se frustran, cuando se alegran o cuando tienen miedo. Y en ese proceso, el rol de la madre y del padre es fundamental.
Durante mis más de 23 años como psicoterapeuta y docente, he visto con claridad cómo la presencia —o ausencia— emocional de los padres marca profundamente la forma en que los niños aprenden a relacionarse consigo mismos y con los demás. La pregunta no es si la madre y el padre influyen en la educación emocional, sino cómo lo hacen y qué aporta cada uno de ellos al desarrollo emocional de los hijos pequeños.
¿Qué es la educación emocional en la infancia?
La educación emocional es el proceso mediante el cual los niños aprenden a:
• Reconocer lo que sienten.
• Ponerle nombre a sus emociones.
• Regular sus reacciones.
• Comprender las emociones de otros.
• Construir relaciones sanas.
• Desarrollar autoestima y seguridad.
Un niño no nace sabiendo manejar la frustración, la rabia o el miedo. Aprende a hacerlo a través de la experiencia con sus figuras de apego, principalmente madre y padre.
Cada interacción diaria es una lección emocional, aunque los adultos no siempre sean conscientes de ello.
La familia como primer espacio emocional
Antes de que el niño llegue a la escuela, su primer “salón de clases” es el hogar. Allí aprende:
• Si sus emociones son válidas o no.
• Si puede expresarse libremente.
• Si será escuchado o ignorado.
• Si el mundo es un lugar seguro.
Madre y padre no solo cuidan, alimentan o protegen: modelan emocionalmente. Los hijos aprenden más de lo que ven que de lo que se les dice.

El rol emocional de la madre
Tradicionalmente, la figura materna ha estado más asociada al cuidado emocional temprano, especialmente en los primeros años de vida. Sin embargo, más allá de los roles culturales, la madre suele aportar elementos clave al desarrollo emocional.
1. La base del apego y la seguridad emocional
En muchos casos, la madre es la primera figura que responde a las necesidades básicas del bebé. A través del contacto, la voz, la mirada y la sensibilidad, el niño aprende algo fundamental:
“Cuando necesito algo, alguien responde”.
Esto construye seguridad emocional, la base de la autoestima futura.
2. La validación emocional
La madre suele ser quien primero:
• Reconoce el llanto.
• Acompaña el miedo.
• Consuela la tristeza.
• Celebra la alegría.
Cuando una madre valida lo que el niño siente, le enseña que sus emociones no son un problema, sino señales que pueden entenderse y manejarse.
3. La enseñanza del cuidado emocional
La forma en que una madre cuida, habla y se relaciona suele influir en:
• La empatía.
• La sensibilidad emocional.
• La capacidad de pedir ayuda.
Los niños aprenden de la madre cómo cuidarse emocionalmente y cómo cuidar a otros.

El rol emocional del padre
Durante muchos años, el rol del padre fue subestimado en la educación emocional. Hoy, la psicología es clara: la presencia emocional del padre es tan importante como la de la madre, aunque su aporte suele ser diferente, no menor.
1. El estímulo a la exploración y la autonomía
Los padres suelen fomentar más la exploración del entorno, el juego físico y el desafío. Esto ayuda al niño a:
• Enfrentar miedos.
• Tolerar frustraciones.
• Confiar en sus capacidades.
El mensaje emocional que transmite el padre suele ser:
“Puedes intentar, yo confío en ti”.
2. El aprendizaje de la regulación emocional
Cuando un padre acompaña sin invalidar, enseña a manejar emociones intensas como:
• La rabia.
• La impulsividad.
• La frustración.
Un padre que regula sus propias emociones enseña, sin palabras, cómo hacerlo.
3. La construcción de límites seguros
Los límites claros y afectivos ayudan al niño a sentirse protegido. El padre suele aportar estructura, orden y contención, lo que le permite al niño entender que:
• No todo está permitido.
• Las normas no son castigos.
• Los límites también son una forma de amor.

La importancia del equilibrio entre ambos roles
No se trata de que uno sea más importante que el otro. Madre y padre aportan desde lugares distintos pero complementarios. Cuando ambos están presentes emocionalmente:
• El niño se siente más seguro.
• Tiene mayor autoestima.
• Aprende a regular mejor sus emociones.
• Desarrolla relaciones más sanas.
La clave no es la perfección, sino la coherencia y el vínculo.
¿Qué ocurre cuando uno de los roles está ausente?
La ausencia no siempre es física; puede ser emocional:
• Padres que están, pero no escuchan.
• Madres sobrecargadas y agotadas.
• Falta de tiempo de calidad.
Cuando uno de los roles no está disponible emocionalmente, el niño puede:
• Reprimir emociones.
• Tener dificultades para expresarse.
• Desarrollar inseguridad.
• Buscar validación externa excesiva.
Esto no significa culpar, sino tomar conciencia para reparar.
Errores comunes en la educación emocional
Algunos errores frecuentes que veo en consulta:
• Minimizar emociones: “no es para tanto”.
• Comparar: “otros niños no lloran”.
• Reprimir: “no llores”.
• Resolver todo sin enseñar a manejar la emoción.
Estos mensajes, aunque bien intencionados, confunden emocionalmente al niño.
Sugerencias prácticas para padres y madres
- Escuchar antes de corregir.
Validar no significa permitir todo, sino reconocer lo que siente el niño. - Nombrar las emociones.
Ayudar a poner palabras: “estás triste”, “estás frustrado”. - Modelar con el ejemplo.
Los niños observan cómo los adultos manejan sus emociones. - Compartir tiempo de calidad.
No se trata de cantidad, sino de presencia real. - Establecer límites con afecto.
Los límites claros dan seguridad emocional. - Trabajar en equipo.
Madre y padre no compiten, se complementan. - Aceptar que no existe la perfección.
Criar también implica equivocarse y reparar.
La educación emocional comienza en casa y se construye en el vínculo cotidiano entre padres e hijos. La madre y el padre cumplen roles esenciales, diferentes y complementarios, que ayudan al niño a construir su mundo emocional, su autoestima y su forma de relacionarse con los demás.
No se trata de ser padres perfectos, sino emocionalmente disponibles. Un niño que se siente visto, escuchado y acompañado emocionalmente tiene mayores herramientas para enfrentar la vida con seguridad, empatía y resiliencia.
Educar emocionalmente es uno de los regalos más valiosos que podemos ofrecer a nuestros hijos, y empieza con algo tan simple —y tan profundo— como estar presentes de verdad.
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